viernes, 17 de julio de 2009

El mensajero de la inclusión

LECCIONES.
El canadiense Gordon Porter, considerado el padre de la educación inclusiva, lucha para que niños discapacitados estudien en escuelas regulares. Desde hace 30 años aconseja a padres, profesores y autoridades. Días atrás llegó al Perú para compartir sus experiencias."
La suya es una vocación desmedida: Gordon Porter ha dedicado la mitad de su vida a llevar un mensaje de inclusión educativa en un mundo cada vez más fragmentado. Se enfrenta con la palabra a los temores de los padres de niños discapacitados y a los prejuicios de las sociedades. Y con la sonrisa a profesores que se acercan a él como si fuera un maestro espiritual. Un líder de 61 años, canoso y con barba blanca que lo asemeja a un Papá Noel sin botas. Un maestro que no cree en las escuelas especiales, sino en la enseñanza en un mismo ambiente para todos. Un hombre abierto a escuchar. Como ahora, en el auditorio del colegio Alfonso Ugarte, donde está conversando y firmando autógrafos a un grupo de profesores. "No soy una estrella de rock", bromea y posa para las fotos. La mayoría quiere un recuerdo con el llamado padre de la educación inclusiva. Eso es lo que genera su testimonio.
Su experiencia empezó en New Brunswick, en Canadá, ¿cómo encontró el ambiente que permitió una educación en la que se incluyera a personas con discapacidad? Hace 30 años, los chicos con discapacidad eran simplemente separados de otros niños. Y las primeras personas en darse cuenta de que esto no era bueno fueron los padres. Gradualmente se desarrolló la idea de que los niños debían ser incluidos. Se hizo la ley en 1986, y por 22 años las escuelas han sido implementadas para la educación inclusiva. Hoy en mi provincia no hay escuelas especiales: los chicos con discapacidades van a clases regulares.
¿Fue muy difícil sacar esa ley?Lo que pasó en Canadá es tal vez algo único. No teníamos Constitución hasta 1982, y cuando redactaron el capítulo de libertades, señalaron que no debía haber discriminación física ni mental. Todo el mundo lo aceptó de manera unánime, pero no todos en la escuela creyeron que era tan buena idea. Tomó unos años para que los maestros aceptaran que era un enfoque adecuado, pero hay todavía quienes no creen en esto.
¿Cómo llegó usted a creer en eso? ¿Tuvo alguna experiencia personal?Cuando era pequeño había un niño que no iba a la escuela: Pier. Yo lo veía en la tienda de mi padre. De pronto, a los 10 años me di cuenta de que ya no estaba: había desaparecido y no sabía a dónde se había ido. Finalmente entendí que se había ido a la institución para niños discapacitados. Nunca más supe de él. Cuando tenía 35 años y fui presidente de los discapacitados de las escuelas, fui a una de las grandes instituciones para adultos con discapacidad. Me hicieron un tour donde veía a personas que estaban encerradas; era bastante loco. Y a la mitad de la visita llegué a una habitación donde vi a un chico encerrado, solo. Lo vi bien y pude reconocerlo. Era Pier, encerrado desde que tenía 10 años. Mientras yo había tenido una vida, él no. Su único problema fue la discapacidad. Después de eso empecé a trabajar en mi comunidad, en residencias para gente con discapacidad. Seis años después, conseguimos un hogar y lo trajimos. Pier murió hace tres años, yo tengo 61, él, 55. Los últimos quince años de su vida regresó a la comunidad donde vivía su familia, en una casa pequeña donde tenía apoyo y una mejor vida. Esta es una historia personal.
Que lo marcó para siempre.Me sorprendió mucho encontrarlo después de 35 años.
¿Cómo han sido sus experiencias en los distintos continentes en los que ha estado?Se estima que entre 3% y 5% de la población estudiantil, en general, tiene una discapacidad bastante seria, y de 10% a 15%, media o moderada. A mí me gusta usar este tipo de cifras lo menos posible. Pero ciertamente 5% de la población va a tener problemas de discapacidad. En mi provincia eso significa miles de niños. Esto no es un experimento con algunos niños, estoy hablando de una provincia cuya población es de 80 mil personas y que viene haciendo esto desde hace 25 años. Muchas personas de otros países como Estados Unidos van a New Brunswick y piensan que no tenemos el apoyo suficiente. En cambio, si viene alguien del Perú, piensa que tenemos mucho apoyo. La cosa es incluir a los niños que están allí. No siempre va a ser perfecto; si uno está incluyendo a un chico en una buena escuela, probablemente será un buen ejemplo. Pero si lo incluyen en una escuela mala, no le va a ir tan bien.
¿Dónde ha encontrado una situación crítica, que a raíz de estos seminarios de educación inclusiva, haya mejorado?El Perú para comenzar. La primera vez que vine, hace 10 años, el Ministerio de Educación no estaba interesado ni daba ningún apoyo. Cuando regresé en el 2006, la idea se volvió parte del ministerio, con apoyo de los padres, pero no se tenía muy claro cómo lograrlo. Hoy se ve que hay unas políticas más fuertes. El desafío es conseguir ayuda a todo nivel: padres y maestros en la parte de abajo, los líderes de la escuela en el nivel medio y los políticos y las políticas para que, desde arriba, den el dinero suficiente. Los padres que tienen niños sanos deben estar dispuestos a decir que están contentos con tener niños con discapacidades en sus clases, y deben entender que no van a lastimar a sus niños, sino que los van a ayudar. Van a tener una mejor apreciación de la sociedad y su diversidad.
Usted habla del temor de los padres de mandar a los niños con discapacidad, es muy fuerteUn buen ejemplo es Panamá; el presidente Martín Torrijos y la primera dama tienen una hija con discapacidad. Antes de que fuera presidente, ellos estaban en una organización que cree en la inclusión. Ni bien Torrijos asumió el mando, apoyó un proceso de cambio para hacer que las escuelas de Panamá fueran inclusivas. Ahora Panamá está en proceso de transformación. El gran desafío es conseguir el dinero y poner a la gente del sistema especial en las escuelas regulares. Cambiar un sistema por otro es muy difícil, porque hay mucha gente afectada, pero también mucha resistencia. El Perú tiene una visión clara como Panamá, por diferentes razones.
¿Y el resto?Muchos otros países están conscientes de que la inclusión es el único camino. Hemos estado en Colombia hace un año. Ellos están tratando de hacer que funcione la inclusión. En México también lo están haciendo. Otros países van en esa dirección, especialmente los países ricos. Unesco apoya la inclusión, hace bastante trabajo. Las escuelas especiales no tienen sentido.
Se habrá enfrentado a innumerables obstáculos, ¿qué lo impulsa a seguir?Soy un maestro, y la educación inclusiva es lo que ahora tengo por objetivo, y hay tanto interés en esto alrededor del mundo que es muy alentador. En setiembre pasado organicé una visita a Canadá para cuarenta directores de Suecia. Pasaron una semana en New Brunswick. Todos se sintieron motivados a regresar a sus localidades y hacer un buen trabajo. Hay mucho dinero en Suecia, pero no tienen una verdadera inclusión en sus escuelas.
¿Diría que cada vez le abren más las puertas a la educación inclusiva?Alrededor del mundo los países concuerdan con que esta es la visión del futuro. En Canadá aún tenemos provincias donde hay escuelas segregadas. En el Perú y en Canadá tenemos trabajo que hacer, y vamos a ver mucho progreso en los próximos cinco años.
Aunque en el Perú las cifras de personas con discapacidad que acceden a la educación son muy bajas, se habla de 13%.Tenemos mucho por hacer; en 6 meses puedes ver si se está acercando al 20%.
Los padres son los más entusiastas con su llegada. Al escucharlo, se sienten más motivados de llevar a sus hijos a las escuelas. Esto es simplemente para las familias con hijos con discapacidad, que enfrentan desafíos que otras no tienen, y deben luchar para que sus hijos estén en una escuela regular o resignarse a mandarlos a una escuela segregada.
A usted lo ven como el padre de la educación inclusiva.Eso no es algo que yo diría. Yo no soy un papá de discapacitados. He trabajado con cientos de ellos, respeto su experiencia, pero no puedo imaginar el desafío que ellos enfrentan. Mi experiencia con los padres es ayudarlos a tratar de tener las cosas lo más normales que se pueda. A veces es riesgoso. La seguridad no siempre está conectada con la inclusión, a la libertad e igualdad. Hay que tomar riesgos, pero arriesgar en la inclusión vale la pena. LA FICHANombre: Gordon L. Porter.Profesión: Educador.Edad: 61 años.Trayectoria: Es director de la ONG Inclusive Education Initiatives, de Canadá. Coeditor del libro "Cambiando las escuelas canadienses: Perspectivas en incapacidad e inclusión" y como asesor del BID elaboró el informe "Educación inclusiva y discapacidad".

1 comentario:

omy dijo...

necesito saber cuales son las leyes en panama
que amparan el trabajo de padres que tienen hijos con discapacidad
en especial que ley ampara que el trabajo de ese padre le quede cerca de casa y no en otro estado en el cual el padre no pueda viajar a diario a casa
si alguien me puede ayudar se lo agradezco